
Una mañana en el Jardín Waldorf Clara de Asís
“…Un niño golpea la puerta de su sala diciendo ¡Buen día querida maestra!… entra y guarda su abrigo. Antes dejó sus zapatos y se puso sus pantuflas. Luego toma la fruta y la acomoda en la frutera, se dirige al lugar en el que sus pares juegan, se detiene un instante a mirar y comienza a jugar con ellos…”
Resultan escenas comunes la situación de ronda inicial, las conversaciones grupales, el cuento final. La vida cotidiana de la sala está colmada de “rituales” en los que participan en forma recurrente tanto niños como educadores, a lo largo de todo el ciclo escolar.
Estos rituales tienen un tinte común, un componente artístico, canciones que utilizan las maestras, siempre la misma para cada momento, para guiar las acciones. El ingreso, la merienda, la higiene, el juego en el patio… todas actividades que tienen en su origen, la intencionalidad de dar respuesta a necesidades de los niños, mientras que en actividades como la formación de rondas, para dar comienzo a una actividad o para obtener silencio, también las maestras buscan una manera hermosa y artística, musical, con bellas melodías e imágenes y, donde la importancia de la repetición diaria, logra que los niños sepan exactamente qué hacer y cada actividad se vuelva hábito.
En general involucran canciones, recitados o rimas que indican el inicio de ese momento. Apenas se entonan o recitan las primeras frases, los niños ya saben qué es lo que viene a continuación y se disponen para ello.
Y luego, el juego libre en la sala, con juguetes y elementos de materiales naturales, ya sea madera, lana, algodón, seda, piedras, piñas, caracoles, cera de abeja, seleccionados y diseñados para estimular la imaginación, la creatividad y la autonomía, y una sana estimulación sensorial a través de las texturas, colores y olores del material. Estos elementos son propicios para las construcciones y circuitos, fomentando así, un ambiente tranquilo y sin sobreestimulaciones. También en el parque, el juego al aire libre es un espacio pensado para el desarrollo físico seguro del niño pequeño y de los sentidos relacionados con el movimiento, el equilibrio, el tacto, cuidando así su bienestar. Todas estas posibilidades de destrezas físicas, posibilitan la finalización de la conformación y desarrollo de su cuerpo físico, favoreciendo su motricidad gruesa. También favorecen las múltiples experiencias con el medio natural y la exploración del ambiente, con propuestas de limpieza y orden en diferentes espacios del parque, con el riego y cuidado de las plantas de los canteros.
Y para finalizar, siempre los cuentos en el jardín Waldorf son herramientas esenciales que nutren el alma infantil, estimulan la imaginación y transmiten sabiduría arquetípica. Se narran oralmente, no se leen, enfocándose en cuentos de hadas y de la naturaleza, ofreciendo imágenes claras, repetición y finales luminosos, ayudando a los niños a procesar emociones, superar miedos y adquirir lenguaje. Las maestras aprenden y cuentan los cuentos para transmitir directamente imágenes vivas, sin la mediación de un libro, fomentando la conexión con el niño, atrayendo su escucha.
Maestra Carolina, Sala Azul



