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Tecnología, juegos electrónicos y otras yerbas

Jun 5, 2016   //   by Clara de Asis   //   Artículos  //  No Comments

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Por Helena Herbón

Observando jugar a un niño, uno puede sacar unas cuantas conclusiones:  ¿Cómo se mueve? ¿Es activo o contemplativo? ¿Tiene características de líder? ¿Qué tipo de líder, si es ése el caso? ¿Está sano, su esqueleto está siguiendo la posición correcta, erguido entre tierra y cielo? ¿A qué juega? De acuerdo a su edad… ¿Imagina? ¿Es pequeño? ¿Se siente incluido en grupos o no? ¿En lo social? Ya algo mayor, ¿Actúa moralmente? ¿Engaña? ¿Enfrenta?  Bueno, si los vemos con interés podemos conocer mucho de esas individualidades para ayudarlas a desarrollar su potencial.

Acoto: Todas estas posibilidades de conocer al niño, si él está frente a la compu o con el telefonito, “jugando” se pierde.

Ahí su actitud sólo muestra su absorta desesperación por ganar, por conseguir más puntaje. Su cuerpo está quieto, encorvado y sólo mueve los pulgares.

El resto de la mano sólo sirve de sostén. ¡Dije los Pulgares! ¡Son los que nos diferencian de los monos! Nos sirven para asir, para tejer, para sostener un pincel, para apretar una tuerca, para modelar, colocar una inyección, acariciar una cabeza dolorida, para armar un cuenco y beber y dar de beber. ¡Qué lástima verlos todo el tiempo apretando signos!

 

Nuestro tiempo

Pero la tecnología está y vino para quedarse. Por lo menos en esta época. La gran cuestión es que nos sirva ella a nosotros, o dejarnos dominar por la máquina.

Y para que esto último no ocurra, la educación debe considerar como su gran meta, el fortalecimiento del alma consciente, de lo moral, de la voluntad. Y esto no nos es claro pues la época materialista opaca la otra parte del ser humano: la espiritual.

Educar es un Arte. Esto fue tenido en cuenta desde la antigua Grecia. Para ellos la educación fue lograr que el humano, a través de la belleza de sus movimientos y de su cuerpo, transmitiera la armonía del cosmos.

Roma toma otro ideal. La retórica, la palabra escrita, las leyes. El medioevo da lugar a la mujer, instituye la creencia, la fe en lo religioso, que antes era Sabiduría dada. El dogma.

Hoy debemos intuir el desarrollo casi profético de la futura condición humana. Pregunta vital: ¿Qué es hoy el humano en esta etapa evolutiva? ¿Reconocemos la meta educativa?

A tener en cuenta este “tanteo” en el Arte de Educar: Nosotros, adultos, mostramos el mundo al niño. El pequeño comienza a in-corporar lo que le enseñamos. El niño ante una pantalla… ¿qué incorpora? Incorpora Irrealidades, Velocidad. Dramática propensión del alma a la acción-reacción.

In-corporó a su ser un mundo “de mentira”.

La pantalla no da tiempo para discernir. En cambio, si planto una semilla en la tierra, acompaño el gesto con una imagen, sigo el crecimiento de la planta, puedo intuir cómo el gesto es un suave mostrar el mundo. Por supuesto, pensando en qué es lo que quiero transmitir, adaptaré gesto, relato y reflexión a la edad del individuo. In-corporaré realidades sensibles.

El niño de la pantalla rápido recibirá juegos-eco de lo que sucede. Si es bien “amarillista”. Ejemplo: el “motochorro” filmado el otro día por un turista ya era “cazado o no” a las pocas horas de lo sucedido en un jueguito. Se vende rápido.

Tengo unos vecinos de bajo nivel económico cuyos niños juegan y juegan todo el día. Oigo sus imaginaciones y risas y el “dale que vos eras…” Pero tengo otros cuyos padres están contentos con regalar lo último en tecnología. Pálidos, ojos inquietos que no pueden sostener una mirada, curva de atención mínima. Elijamos.

Pregunta obvia: ¿Qué modelo de Educación y juego elijo para mis hijos? Si no puedo intuir el ser humano del futuro, ¿qué hago?

Yo diría: Padres, tengan en cuenta la edad de los niños. Déjenlos crecer en lo Natural, que incorporen seres reales, que conozcan las cosas, que una vez hayan vivido el mundo creado y tangible. Que esperen. La tecnología no es más inteligente que nosotros. Se aprende rápido, pero mejor darle el debido tiempo, el segundo septenio, por ejemplo.

En fin, que ante la Acción no responda solo con Reacción, que el equilibrio del discernimiento entre lo Bueno y lo Malo, tenga tiempo de crecer. Que la voluntad pueda tomarse ante la experiencia de la confianza en el mundo y en la convivencia humana. Guiemos al niño a que la elección sea ¿A qué jugamos? Y no ¿prendo el aparato o me aburro?

Hay que reflexionar mucho sobre este tema. Enterémonos también de los estudios científicos que ya están mostrando modificaciones a nivel neuronal en los usuarios de tiempo frecuente y sostenido. Si los educadores padres-maestros nos informamos y se toma la decisión de limitar la exposición del niño a la electrónica por, al menos, los primeros 13-14 años de vida, podemos protegerlos de la influencia negativa hasta que estén preparados.

La botánica en quinto curso

Jun 5, 2016   //   by Clara de Asis   //   Artículos  //  No Comments

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Si hemos de considerar la etapa evolutiva en la que se hallan los niños de diez u once años, nos ayudará una analogía con la historia.

Sería un error asumir que los seres humanos siempre han pensado lógicamente, intelectualmente, como hacernos ahora. De hecho, existe un punto muy concreto en el tiempo en que empieza el pensar lógico tal corno lo conocemos, cuando empieza la interrogación científica tal como la conocemos, cuando aparece el pensar racional, la especulación, el análisis. La época en que emerge la facultad del pensar racional y lógico es la de antigua Crecia, la época de los filósofos griegos Sócrates, Platón, Aristóteles.

Civilizaciones más antiguas, la India, Babilonia, Egipto, e incluso la misma Grecia antes de la era de la filosofía, cultivaban una facultad distinta. En la India, Babilonia o Egipto el mito era una explicación válida del mundo, de los fenómenos naturales, como lo es la explicación científica para nosotros hoy en día. Hoy, cualquier mito o historia de dioses, héroes y monstruos se consideran un desbordado deambular de la fantasía. Pero un verdadero mito de la antigüedad es algo que contiene imaginación poética, y también su propia lógica. Podría decirse que en las antiguas civilizaciones, esas dos facultades, la imaginación y la lógica, no estaban todavía separadas, eran una unidad. Los filósofas griegos, los primeros pensadores racionales, lógicos, aparecen en un determinado momento del tiempo, simplemente porque esa es la época en que la imaginación y la lógica se separaron y se convirtieron en funciones independientes del alma humana. Es también la época en que emerge la poseía como un arte por sí mismo.

Ahora bien, lo que tuvo lugar en la historia humana a gran escala tiene su contrapartida en el desarrollo del ser humano individual. En torno a los once o doce años se produce un comienzo de separación entre la imaginación y la lógica.

Ello se muestra, por ejemplo, como curiosidad. Algunos niños quedan fascinados por los hechos, cualquier tipo de hechos, de la ciencia, de la geografía o de la historia. Lo vemos de muchas maneras: algunos niños empiezan a discutirlo todo. Les encanta discutir por discutir, pero en realidad no es otra cosa que un nuevo juguete que acaban de descubrir y les gusta jugar con él.

Otra faceta de este desarrollo es un incrementado sentido de la propia personalidad: un niño en esta etapa tiende a decir: “Me gusta esto” o “no me gusta aquello” con gran énfasis, ya no son las simpatías o antipatías de los niños más pequeños.

Incluso las travesuras de los niños en esta edad son distintas. Los niños más pequeños pueden ser traviesos porque no pueden hacer otra cosa, siguen un impulso que son incapes de controlar. Pero los niños de once o doce años son traviesos mucho más deliberadamente. Es corno un experimento científico: “¿Hasta dónde puedo llegar?”. Y todo eso está relacionado con el proceso de despertar. Para la aparición de la lógica, esta separación de dos caminos entre la lógica y la imaginación, es un despertar. En las travesuras deliberadas, en el discutirlo todo, en el intenso sentido de la propia importancia de uno mismo, en la curiosidad, en todo ello el niño experimenta un despertar, como si saliera de un sueño.

Pero hay algo que hemos de tener en cuenta. Esta etapa es solamente el inicio del proceso, todavía no se ha completado. Si a este nivel le damos a los niños simplemente hechos, los meros hechos de la ciencia o de la geografía, entonces no estaremos ayudando en la evolución que está teniendo lugar en el niño. Ellos necesitan los hechos, quieren los hechos, pero han de estar vinculados entre sí de un modo que todavía satisfaga en el niño el sentimiento, la imaginación, la poesía. Démosles solamente los hechos y su imaginación y capacidad creativa original se marchitarán o extinguirán.

Por eso la clase de botánica se expuso en la forma que aquí se ofrece. Las plantas se presentan en la secuencia del sistema evolutivo, comenzando por las formas vegetales inferiores, hongos, algas, que carecen de flores, polen o semillas, y va ascendiendo hacia las plantas de flor.

Pero la idea de la evolución, de plantas superiores o inferiores, carecería de sentido para el niño. Hay que acercarla a ellos comparando las familias de las plantas con su propio desarrollo. Comparando a los hongos con los bebés más pequeños, las algas con los niños que empiezan a dar sus primeros pasos, las monocotiledóneas con los primeros años en el colegio. Con estas analogías se introduce a los niños al concepto de evolución (aunque nunca mencioné la palabra ante ellos) de un modo que los hace conscientes de su propia evolución, de su propio desarrollo, algo que ellos pueden sentir, no meramente saber. Naturalmente, esas analogías contienen un elemento de imaginación, son analogías poéticas, pero eso es exactamente lo que todavía necesita el niño.

También he de decir algo sobre el lugar que ocupa la botánica en el currículum o plan de estudios de la escuela. En ciencia procedemos igual como en geografía, es decir, empezamos con lo más cercano y luego nos vamos alejando progresivamente. En geografía empezamos con la ciudad local, luego con el país local, luego con los países vecinos, el continente y luego los otros continentes. En ciencia empezamos con el reino más cercano al ser humano, el reino animal, a los nueve o diez años (cuarto curso). Luego abordamos el reino vegetal a los diez y once (quinto curso). El mundo mineral, es decir, geología y los primeros pasos de física llegan a los once, doce años (sexto curso). La física y la química se imparten entre los doce y los catorce años (séptimo y octavo cursos). La mecánica que es lo más alejado de nuestro sentimiento, llega a los catorce años (octavo curso).

 

Charles Kovacs

¿Por qué se enferma el hombre?

Jun 3, 2016   //   by Clara de Asis   //   Artículos  //  No Comments

La enfermedad pertenece a los hechos posibles en la vida del hombre. Llega inesperadamente y así se la considera: algo casual, fortuito, surgido sin propia participación.

En el siglo pasado se buscó la causa del enfermar en tres grandes direcciones: una exterior, con la teoría de la infección; otra interior, en la competencia inmunológica; y la tercera, hacia el pasado en el material heredado y luego en la genética.

¿Qué tienen en común estos tres enfoques?. Que nacen de una medicina física y técnica basada en la observación exterior del organismo, en los fenómenos físicamente visibles. Esto ha demandado enormes esfuerzos y recursos. No se pregunta: ¿Quién elige determinado caudal genético?, o ¿Quién es capaz de transformar emociones en anticuerpos?.o ¿Quién ha preparado este terreno o suelo propicio?.  Esta concepción supone el hombre como un ser biológico natural en el cual las funciones anímicas superiores serían parte de un complejo “mecanismo” cerebral.

Antroposofía: una ampliación

La Antroposofía reconoce en el hombre además de un cuerpo física, la vida que lo penetra, el alma y el espíritu o Yo. A las funciones vitales de crecimiento, nutrición, reproducción, agrega la actividad del alma (sensaciones, sentimientos, deseos, impulsos) y la actividad espiritual del pensar. Vida, alma y espíritu son realidades no visibles a los sentidos comunes, pero sí comprensibles por sus efectos a través de un pensamiento sano.

Es fundamental conocer que el desarrollo normal del alma y el espíritu se realiza en procesos opuestos a la vida, que generan desintegración orgánica. La sustancia debe cesar en su actividad para dejar un espacio donde despierta la vida consciente y la conciencia de uno mismo. Este desgaste a la vitalidad es compensado por procesos de autocuración, tal como ocurre durante el sueño. El que la actividad anímico espiritual conciente se interrumpa durante el mismo, debería ser reveladora de que lo espiritual no corresponde a procesos biológicos naturales sino “sobrenaturales”; en caso contrario continuarían sin extinguirse, como ocurre con la respiración o la actividad cardiaca.

Desde esta concepción ampliada del hombre pueden caracterizarse dos formas de enfermar.

Una es aquella en que el sentir como actividad del alma se amplía y profundiza. Tal es el caso en que se siente dolor, desazón. Estando sano los sentimientos quedan más o menos libres en la vida del alma. En la enfermedad el sentir se profundiza, desciende en lo orgánico. Es posible percibir un organismo suprasensible responsables de estas diferencias de actividad, al que se denomina cuerpo astral. Aquí se lo observa sumergido más profundamente en el organismo respecto del estado normal.

También el pensar, como actividad espiritual del Yo humano, tiene una base física a la cual está levemente ligado. Si este vínculo aumenta en intensidad se produce una enfermedad paralítica con atonía o cese de las actividades orgánicas. En este caso la parte afectada deja de ser reconocida como propia, se convierte en algo ajeno (como ocurre en un miembro paralizado y en la insuficiencia de cualquier órgano). Una de las causas de enfermar se debe entonces a una unión exagerada de lo anímico-espiritual con el cuerpo. Aquí los procesos de autocuración – de los que el sueño es un ejemplo – resultan insuficientes. Curar consiste en disminuir la intensidad de ese vínculo.

La segunda forma de enfermar es aquella en que el ser anímico- espiritual no llega a vincularse con el cuerpo físico. Éste entonces, valga la paradoja, intensifica los procesos sanos, aumenta en vitalidad propia. Aparecen congestiones, inflamaciones. La vida conciente se opaca o disminuye (como ocurre durante la fiebre). Es posible percibir la causa de ello en un organismo suprasensible que se denomina cuerpo vital o etérico; en él se basan la vida y la salud. En este caso la curación consiste en un tratamiento adecuado para este cuerpo etérico.

Por lo tanto las verdaderas causas de la enfermedad residen en la esencia de la constitución del hombre. El ser humano es un enfermo; y no sería hombre, es decir, ser de cuerpo, alma y espíritu, si no hubiera de enfermar. Las demás causas son simplemente efectos visibles de esas causas suprasensibles.

 

Marta Miguel – Antroposofía y Medicina

¿Qué hacemos en el Jardín de infantes desde la mirada de lo terapéutico?

Jun 3, 2016   //   by Clara de Asis   //   Artículos  //  No Comments

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Por Analia Seragopian

Cuando la escuela comenzó, hace 20 años, fui convocada para trabajar con  los niños con necesidades especiales desde el movimiento, seguramente por mi experiencia como bailarina, profesora de Expresión Corporal y madre Waldorf de tres niños hoy adultos. Más tarde me especialicé en Terapia Ocupacional y Pedagogía Curativa.

El Jardín de Infantes es el lugar donde más se observa la importancia del movimiento. Se produce un proceso con alegría en el hacer de todas las actividades que se plantean. Cocina, tejido, pintura , huerta, juego creativo, y la respiración que ayuda tanto a la contracción como a la expansión rítmicas.

Cuando inicie mi trabajo en el Jardín la necesidad estuvo puesta en conocer mas en profundidad a los niños preescolares.

¿Qué característica iba tener ese nuevo grupo en el futuro 1er grado?

¿Cuántos niños con necesidades anímicas iban a requerir alguna mirada en especial?

Actualmente esa mirada se completa en forma interdisciplinaria con la del Psicólogo del Equipo de Orientación Escolar y de la Médica Escolar.

Desde la observación, considero mi trabajo como preventivo, por un lado a través de ateneos pedagógico terapéuticos de niños de quien se necesita tener una mirada mas profunda, una imagen mas certera, teniendo en cuenta su individualidad, y tratando de conocer su necesidad.

La observación se hace día a día y en forma rotativa por cada una de las salas, y si en el devenir de la mañana se necesita alguna intervención la realizo incorporándome al juego mismo de los niños, o sugiero alguna estrategia, herramienta o adaptación a la maestra que facilite la tarea y ayude al niño.

Otro aspecto importante de mi trabajo es el seguimiento de los procesos de los casos particulares con los médicos de los niños, con el equipo terapéutico externo (si fuera un niño con necesidades especiales integrado), con las familias y las maestras a través de las reuniones, con los terapeutas particulares, con las escuelas 500 que supervisan los casos de niños integrados.

Cuando un niño comienza un proceso terapéutico se hace necesario el seguimiento , la evaluación de lo realizado y la posibilidad de una nueva mirada y un cambio hacia nuevas propuestas..

La gran riqueza de imitación que tienen los niños en el jardín facilita la tarea de quienes nos ocupamos de este primer septenio, ellos son dúctiles, miran, observan y hacen, corre por cuenta de nosotros los adultos acompañarlos en su proceso desde el amor y lo saludable.

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