En el transcurso de tercer grado, los niños, prontos a cumplir los 9 años, comienzan a vivir un tiempo especial en su crecimiento.
Poco a poco, dejan atrás aquella primera vivencia de ser uno con el mundo y empiezan a descubrirse como seres individuales, separados de sus padres y de su entorno.
En este momento de su desarrollo anímico, las grandes imágenes de la humanidad llegan a su encuentro como abrigo y orientación.
Por eso, les acercamos el relato de la Historia de la Creación: imágenes antiguas y profundas que hablan del nacimiento de la luz, de la tierra, de las aguas, de las plantas, de los animales y del ser humano. Estas narraciones acompañan interiormente al niño en este pasaje de crecimiento, ofreciéndole imágenes llenas de sentido para comprender su vínculo con la Tierra y con el mundo que lo rodea. Cada relato es recibido en el silencio atento de la escucha, y luego vuelve a nacer en sus manos a través de las acuarelas y el dibujo.
Así, color tras color, trazo tras trazo, cada uno recrea desde su sentir aquello que la palabra sembró en su interior.
Hasta los nueve años, el niño vive en el paraíso, donde todo el mundo es bueno y, a su alrededor, los ángeles han construido una cerca de rayos dorados que lo protege y abraza.
Habla con los animales, escucha a los ángeles y, por las noches, mientras duerme, ellos conducen su alma al cielo, cerca de Dios Padre.
Adán y Eva viven en el paraíso muy felices; sus pies casi no tocan la tierra, pareciera que flotaran, y a su alrededor se percibe una nubecita celestial que los cubre y protege.
Pero, al cumplir los nueve años, llega una gran crisis en la vida de los niños: “la caída”.
Lucifer se adentra en el cuerpo de una serpiente y tienta a Eva para que coma la manzana del árbol del conocimiento. Ella la prueba y, como ese árbol estaba prohibido, ambos caen a la tierra.
Esta tierra ya no es tan cálida como el paraíso. Por las noches hace frío, y por eso deben construir una choza para dormir; si caminan descalzos, se pinchan, y entonces confeccionan con cortezas las primeras
sandalias.

Si bien sus ángeles guardianes continúan cuidándolos, ya no los escuchan como antes, en el paraíso.
En las imágenes del relato, los niños escuchan aquello que también sucede en su interior, y esas imágenes quedan guardadas en su corazón para cuando ellos mismos comiencen a sentir esa soledad, ese frío, esa vivencia de estar más separados del mundo.
Compartimos aquí algunas perlitas: huellas visibles de un trabajo profundo, donde imaginación, sentimiento y aprendizaje se entrelazan en el corazón de la infancia.

Maestra Luciana Mancini