Con los primeros rosados del amanecer, fuimos llegando para empezar a cocinar el locro… Ya había habido mucho trabajo de pelar, cortar, remojar, el viernes previo. Al mediodía, niños y niñas, llevaron sillas y mesas, preparando el sector de comidas. También el viernes por la tarde, manos amorosas decoraron el espacio, evocando las tradiciones de nuestra Patria.







Y después, comenzamos a prender el fuego. Poco a poco, se fueron armando los puestos, el mercadillo, los juegos, el teatro para el titiritero. Cada uno hizo lo suyo, con amor, con conciencia. Cada uno puso su granito de arena. Disfrutamos en familia, hicimos música, danzamos, jugamos al truco, cantamos, comimos rico, charlamos, tallamos, jugamos. ¡Qué hermoso encuentro!





























