{"id":5924,"date":"2023-10-01T17:20:38","date_gmt":"2023-10-01T20:20:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.claradeasis.com.ar\/espiral\/?p=5924"},"modified":"2023-10-03T16:06:07","modified_gmt":"2023-10-03T19:06:07","slug":"encuentro-de-micael-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.claradeasis.com.ar\/espiral\/2023\/10\/01\/encuentro-de-micael-2\/","title":{"rendered":"Encuentro de Micael"},"content":{"rendered":"<p>Como todos los 29 de septiembre, todos los ni\u00f1os, ni\u00f1as y j\u00f3venes de la escuela nos reunimos a escuchar un cuento y cantar juntos. En esta ocasi\u00f3n, el grupo de violinistas de cuarto, quinto y sexto nos acompa\u00f1aron con su m\u00fasica, dirigidos por el maestro Diego.<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca de Micael las fuerzas del calor, la fortaleza y el valor para superar la adversidad se hacen presentes. La espada de nuestro claro pensar, el equilibrio entre firmeza y compasi\u00f3n, la luz del conocimiento espiritual, la gu\u00eda para buscar el propio camino, son algunas de las imagenes que nos trae esta \u00e9poca. Coraje para \u00abvencer al drag\u00f3n\u00bb, o los embates de la vida, las propias limitaciones y desaf\u00edos.<\/p>\n<p>Como escuela, nosotros decidimos celebrar esta \u00e9poca encontr\u00e1ndonos, pues\u00a0la magia ocurre cuando estamos con otros y nos vemos espejados en esos otros.<\/p>\n<p>La maestra Roc\u00edo nos regal\u00f3 este cuento, si bien adaptado:<\/p>\n<p>EL CABALLERO HERRUMBRADO, cuento popular<\/p>\n<p>\u00c9rase una vez, un caballero noble y muy rico, que viv\u00eda disipadamente con soberbia y crueldad hacia los pobres. Por ello Dios lo castig\u00f3, permitiendo que poco a poco se herrumbrara de un lado; primero era el brazo y la pierna izquierda, luego el cuerpo hasta la mitad, excluyendo \u00fanicamente la cara. Entonces, el caballero, poni\u00e9ndose un guante en la mano izquierda, a fin de que nadie viera hasta qu\u00e9 punto se hab\u00eda oxidado, lo mand\u00f3 cerrar fuertemente sin quit\u00e1rselo ni de d\u00eda, ni de noche. Luego hizo actos de contrici\u00f3n sobre s\u00ed mismo y empez\u00f3 una nueva vida; despidi\u00f3 a sus viejos amigos y compa\u00f1eros de taberna, para casarse con una bella y piadosa dama, quien anteriormente se hab\u00eda enterado de varias maldades de este caballero; m\u00e1s como su cara se hab\u00eda mantenido bondadosa, ella, estando sola y meditando sobre \u00e9l, de los rumores \u00fanicamente crey\u00f3 la mitad, y ni eso, cuando estaban juntos y \u00e9l le hablaba con dulzura.<\/p>\n<p>Finalmente, a pesar de todo, acept\u00f3 casarse con \u00e9l. En la primera noche despu\u00e9s de la boda, sin embargo, se dio cuenta de que \u00e9l nunca se quitaba el guante de la mano izquierda y se asust\u00f3 mucho. No obstante, se hizo la desentendida y a la ma\u00f1ana siguiente le expres\u00f3 su deseo de ir al bosque para orar en una cercana y peque\u00f1a capilla, la que de un lado ten\u00eda una celda, habitada por un viejo ermita\u00f1o. \u00c9l hab\u00eda vivido por mucho tiempo en Jerusal\u00e9n; y era tan santo, que la gente, para verlo, hac\u00eda peregrinajes desde lejanas tierras. Era \u00e9l, con qui\u00e9n la dama quer\u00eda aconsejarse. Ahora bien, el ermita\u00f1o, despu\u00e9s de escuchar todo lo que la dama le hab\u00eda narrado, entr\u00f3 a la capilla para orar a la Virgen Mar\u00eda por mucho tiempo y una vez habiendo salido, le dijo: -\u00abAunque ser\u00e1 muy dif\u00edcil, todav\u00eda est\u00e1s a tiempo para salvar a tu esposo: porque si empiezas a hacerlo y no lo terminas, t\u00fa tambi\u00e9n te oxidar\u00e1s. T\u00fa esposo ha hecho mucho mal durante toda su vida, siendo soberbio y duro con los pobres. Deber\u00e1s ir descalza y en harapos, como la m\u00e1s pobre de las mendigas, pidiendo limosna, hasta juntar cien ducados de oro; entonces tu esposo estar\u00e1 redimido. Habiendo cumplido con esto, c\u00f3gelo de la mano, vete con \u00e9l a la iglesia y deposita dichos cien ducados en la colecta para los pobres. Hecho esto, Dios le perdonar\u00e1 sus pecados, el \u00f3xido desaparecer\u00e1, y \u00e9l ser\u00e1 tan limpio como antes\u00bb. -\u00abLo har\u00e9\u00bb, -dijo la joven esposa-,\u00bbno importa lo dif\u00edcil que sea, ni el tiempo que se requiera. \u00a1Quiero salvar a mi esposo!\u00a1Estoy muy convencida que el \u00f3xido solamente est\u00e1 por fuera!\u00bb<\/p>\n<p>Pronto se puso en marcha hacia el bosque y no hab\u00eda pasado mucho tiempo, estando ya bien adentro, cuando se encontr\u00f3 con una anciana, que andaba buscando le\u00f1a, ten\u00eda puesta una falda andrajosa y sucia con un abrigo encima, compuesto de tantos remiendos, como los ten\u00eda el Sacro Imperio Romano en su tiempo. De todos modos, ya casi no se pod\u00eda ver el color de los parches por lo que tanto tiempo, la lluvia y el sol hab\u00edan trabajado sobre \u00e9l. -\u00abSi me quieres dar tu falda y tu abrigo, abuelita\u00bb, -le dijo la dama, \u00abte regalo todo el dinero que traigo conmigo, adem\u00e1s mis vestidos de seda, porque quisiera ser pobre\u00bb. Con asombro, la vieja la mir\u00f3, replicando: -\u00abSi, lo har\u00e9, lo har\u00e9, mi hijita blanca, si lo dices en serio. Ya he visto mucho del mundo, tambi\u00e9n he encontrado mucha gente que hubiera querido ser rica, en cambio, todav\u00eda no se me ha presentado el caso de que alguien quisiera empobrecerse. \u00a1Te caer\u00e1 muy mal, con tus manitas de seda y tu dulce carita!\u00bb Sin embargo, la dama noble ya hab\u00eda empezado a quitarse sus vestidos, y al mismo tiempo su cara se ve\u00eda tan seria y triste que la vieja se pod\u00eda dar cuenta que no estaba bromeando. Por fin, le entreg\u00f3 su falda y su abrigo, le ayud\u00f3 a pon\u00e9rselos y luego le pregunt\u00f3: -\u00ab\u00bfQu\u00e9 vas a hacer entonces, mi hijita blanca?\u00bb -\u00ab\u00a1Pedir limosna, abuelita!\u00bb -le contest\u00f3 la dama. -\u00ab\u00bfMendigar? Bueno, no te aflijas, no es ninguna verg\u00fcenza. All\u00e1 en la puerta del cielo habr\u00e1 m\u00e1s que uno que lo tendr\u00e1 que hacer, porque aqu\u00ed abajo no lo ha aprendido. Ante todo, quiero ense\u00f1arte la canci\u00f3n de los mendigos\u201d: \u00a1Tener sed y hambre, mendigar y vagar, siempre, todo el tiempo, tenemos que aguantar! \u00bfTiene algo? \u00bfMe lo entrega? \u00a1Oh, solamente un bocado! \u00a1Pan a la alforja, sopa a la cazuela! \u00a1Mochilas de cuero dorado, ropas con flecos los mendigos portamos! \u00a1Lo que hoy es ahorrado ma\u00f1ana ser\u00e1 despilfarrado!\u00bb -\u00abBonita canci\u00f3n, \u00bfverdad?\u00bb -le pregunt\u00f3 la vieja. R\u00e1pidamente se atavi\u00f3 con los vestidos de seda, corri\u00f3 hacia los arbustos y pronto hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p>En cambio, la dama sigui\u00f3 su camino por el bosque, y despu\u00e9s de un rato, se encontr\u00f3 con un campesino, quien hab\u00eda salido en b\u00fasqueda de una sirvienta, para ayudar durante la cosecha, porque le faltaban trabajadores. La dama se detuvo, le tendi\u00f3 la mano, pidiendo: \u00bfTiene algo? \u00bfMe lo entrega? \u00a1Oh, solamente un bocado! Los dem\u00e1s versos no los recit\u00f3, porque no le gustaban. El campesino pensaba, mirando a la mujer que, a pesar de sus harapos, se v\u00eda bonita y sana; por eso le pregunt\u00f3 si quer\u00eda trabajar con \u00e9l como sirvienta. -\u00abTe regalar\u00e9 un pastel en la Semana Santa, el d\u00eda de San Mart\u00edn un ganso y para la Navidad un ducado y un nuevo vestido; \u00bfte parece?\u00bb -\u00abNo,\u00bb replic\u00f3 la dama, \u00abtengo que pedir limosna, Dios lo quiere as\u00ed.\u00bb Con eso, el campesino se puso furioso, la rega\u00f1\u00f3 y con sarcasmo la insult\u00f3: &#8211; \u201c\u00bfEs el deseo de Dios, \u00bfeh?, parece que t\u00fa comiste con \u00c9l, \u00bfverdad? \u00bfNo fueron lentejas con salchichas fritas? \u00bfO quiz\u00e1s eres su t\u00eda, porque sabes exactamente lo que desea? \u00a1Eres una floja! Buena para una paliza, demasiado mala para una sonrisa\u201d. Sin regalarle nada, sigui\u00f3 por su camino, dej\u00e1ndola plantada; y la dama bien se daba cuenta que era muy dif\u00edcil pedir limosna.<\/p>\n<p>No obstante, sigui\u00f3 andando, para, despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo, llegar a un cruce donde el camino se divid\u00eda en dos. Hab\u00eda dos piedras, en una de las cuales estaba sentado un mendigo con una muleta. Como ella ya estaba cansada, pensaba descansar un rato en la otra piedra. Apenas se hab\u00eda sentado, cuando el viejo trat\u00f3 de pegarle con la muleta, gritando: -\u00ab\u00a1Hazte, torpe viciosa! \u00a1Quieres quitarme la clientela con tus harapos y tu carita azucarada? Esta esquina yo la tengo rentada; \u00a1r\u00e1pidamente vete, si no quieres ver mi muleta como precioso arco, tocando en tu espalda, como si ella fuera un curioso viol\u00edn!\u00bb La dama se levant\u00f3, y con un gran suspiro sigui\u00f3 caminando, hasta que sus pies ya no la aguantaban.<\/p>\n<p>Por fin, lleg\u00f3 a una gran ciudad desconocida. All\u00e1 se quedaba y, sentada en la entrada de una iglesia, ped\u00eda limosnas; m\u00e1s en las noches dorm\u00eda en las escaleras, frente a ella. D\u00eda tras d\u00eda pasaba, a veces alguien le daba un centavo, u otro un cuarto; pero hab\u00eda quienes no le regalaban nada, o hasta la rega\u00f1aban, como lo hab\u00eda hecho el campesino. Se tardaba mucho con los cien ducados porque, despu\u00e9s de tres cuartos de un a\u00f1o, apenas hab\u00eda ahorrado un solo ducado. Exactamente, en el momento de completar ese primer ducado; dio a luz un bello ni\u00f1o, a qui\u00e9n le dio el nombre de \u00abRedimido-Ser\u00e1s por la esperanza que\u201d, ten\u00eda de poder redimir todav\u00eda a su esposo. De la parte baja de su abrigo, rasg\u00f3 una tira de buen ancho para envolver al ni\u00f1o, por lo que su abrigo le lleg\u00f3 apenas hasta las rodillas; con su beb\u00e9 en brazos sigui\u00f3 pidiendo limosnas, y cuando no quer\u00eda dormir, lo arrullaba cantando: \u00abDu\u00e9rmete en mi regazo pobre ni\u00f1o limosnero. Tu padre vive en el palacio y t\u00fa siempre ser\u00e1s pordiosero. \u00c9l anda en felpa y seda, bebe vino y come pan blanco, si nos viera juntos aqu\u00ed se consumir\u00eda de pena. Que no se aflija, porque t\u00fa est\u00e1s bien cobijado; \u00a1\u00c9l es mucho m\u00e1s pobre, que Dios le tenga amparado!\u00bb A menudo, la gente se deten\u00eda para mirar a la pobre limosnera, tan joven y con su precioso ni\u00f1o, por lo que a veces le daban m\u00e1s que antes. Poco a poco, ella se sent\u00eda m\u00e1s consolada y dejaba de llorar, sabiendo que, con suficiente paciencia, seguramente podr\u00eda salvar a su esposo.<\/p>\n<p>Ahora bien, el caballero en su castillo se puso cada vez m\u00e1s triste cuando su esposa ya no regresaba y se dijo a s\u00ed mismo: se habr\u00e1 dado cuenta de todo y por eso me ha dejado. As\u00ed, \u00e9l tambi\u00e9n se puso en marcha, dirigi\u00e9ndose primero al ermita\u00f1o, para saber si su esposa hab\u00eda pasado por la capilla para orar. Muy serio y corto de palabras, el ermita\u00f1o le dijo: -\u00ab\u00bfNo has llevado una vida disipada? \u00bfNo trataste duro y orgullosamente a los pobres? \u00bfNo fue castigo de Dios que te dejaba oxidar? Tuvo mucha raz\u00f3n tu mujer al dejarte; \u00a1no hay que juntar en un mismo caj\u00f3n una manzana buena con otra podrida, de lo contrario la buena tambi\u00e9n se echa a perder!\u00bb En seguida, el caballero se sent\u00f3 en la tierra, se quit\u00f3 el casco y lloraba a l\u00e1grima viva. El ermita\u00f1o, observ\u00e1ndolo, se puso un poco m\u00e1s amable con \u00e9l, diciendo: -\u00abYa veo que tu coraz\u00f3n no se ha oxidado todav\u00eda, por eso te aconsejo seas bondadoso con los pobres, y visita todas las iglesias que hubiera en tu camino, entonces encontrar\u00e1s de nuevo a tu esposa\u00bb Inmediatamente, el caballero sali\u00f3 de su castillo y parti\u00f3 a caballo hacia todas las direcciones del mundo. Donde encontraba gente pobre, les regalaba algo y, llegando a una iglesia, entraba para orar. Sin embargo, no encontr\u00f3 a su mujer. As\u00ed ya hab\u00eda pasado casi un a\u00f1o, cuando un d\u00eda lleg\u00f3 tambi\u00e9n a la mencionada ciudad donde su esposa, como de costumbre, estaba sentada en la entrada de la iglesia pidiendo limosnas y su primer camino le llevaba en b\u00fasqueda de la iglesia.<\/p>\n<p>Ya desde lejos, la dama lo reconoci\u00f3 por su estatura alta y su esbelta figura y porque llevaba un casco dorado con una gorra de un \u00e1guila encima, que brillaba con el sol. Ella se asust\u00f3 mucho, porque todo el dinero que hab\u00eda juntado hasta ese momento eran apenas dos ducados de oro; y esto no le alcanzaba todav\u00eda para salvarlo. En seguida se escondi\u00f3, tap\u00e1ndose la cabeza con su abrigo para que no la reconociera, y se acuclill\u00f3 tan encogida como le era posible, para que \u00e9l no viera sus pies, blancos como la nieve; porque el abrigo le cubr\u00eda solamente hasta las rodillas, desde que hab\u00eda rasgado un lienzo para el beb\u00e9. Al pasar el caballero al lado de ella, escuch\u00f3 un suprimido sollozo, y al ver su abrigo tan roto y remendado, y, adem\u00e1s el ni\u00f1o en sus brazos tan bello, envuelto en harapos, le doli\u00f3 en el alma. Acerc\u00e1ndose, pregunto qu\u00e9 pena ten\u00eda; m\u00e1s la mujer no le contestaba, solamente lloraba con m\u00e1s fuerza, aunque trataba mucho de contenerlo. Conmovido, el caballero sac\u00f3 una bolsa que conten\u00eda mucho m\u00e1s de cien ducados de oro, la puso en su regazo y le dijo: -\u00abTe doy todo lo que me queda, no importa si tengo que regresar a mi casa pidiendo limosna\u00bb. En ese momento, sin darse cuenta, a la mujer se le resbal\u00f3 el abrigo de la cabeza, de manera que el caballero se dio cuenta de que fue su propia esposa a quien le hab\u00eda regalado el dinero. A pesar de sus harapos, la abrazo y la bes\u00f3, y cuando se enter\u00f3 de que el ni\u00f1o era su propio hijo, tambi\u00e9n lo mim\u00f3. Entonces la dama tom\u00f3 al caballero, su esposo, de la mano, lo llev\u00f3 a la iglesia y deposit\u00f3 todo el dinero en la colecta; luego exclam\u00f3: -\u00ab\u00a1Yo te quer\u00eda salvar, pero ahora t\u00fa mismo te redimiste: Y as\u00ed fue, cuando el caballero sali\u00f3 de la iglesia; se quit\u00f3 la maldici\u00f3n de tal manera, \u00a1que el \u00f3xido que hab\u00eda cubierto todo su lado izquierdo, hab\u00eda desaparecido! En seguida, subi\u00f3 a su esposa con el ni\u00f1o al caballo, para \u00e9l mismo poder caminar a pie a su lado, y regres\u00f3 con ellos a su castillo, donde viv\u00eda, haciendo buenas obras, por muchos a\u00f1os m\u00e1s, as\u00ed que toda la gente lo elogiaba.<\/p>\n<p>En cambio, los harapos de mendigo que su mujer llevaba, los deposit\u00f3 en un rico armario, y cada ma\u00f1ana, despu\u00e9s de levantarse, se acercaba a mirarlos\u00a0y a agradecer todo lo andado y aprendido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-5924 gallery-columns-3 gallery-size-medium'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/www.claradeasis.com.ar\/espiral\/2023\/10\/01\/encuentro-de-micael-2\/whatsapp-image-2023-09-29-at-2-29-10-pm-1\/'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"169\" height=\"300\" 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